ANSIEDAD SOCIAL

La ansiedad social es uno de las dificultades psicológicas más frecuentes en la actualidad.

¿SUFRO ANSIEDAD SOCIAL?

¿Alguna vez te has sentido nervioso/a cuando estabas a punto de acudir a una situación social o te encontrabas ya en ella?, ¿te has sentido inquieto y preocupado por lo que los demás pudieran opinar de ti?, ¿has pensado y temido que los demás pudieran rechazarte o incluso tratarte mal cuando realmente no había motivos para ello?, ¿has evitado reunirte con amigos, compañeros de trabajo u otras personas para así evitar sentir alguna de estas emociones?.

Si la respuesta a estas preguntas es un si es probable que hayas o estés atravesado por un problema de ansiedad social y para que puedas entender mejor esta dificultad y de esta forma comenzar a gestionarla y ponerle solución, en este artículo vamos a explicarte en detalle de que se trata el llamado “trastorno de ansiedad social”, cuáles son sus síntomas, sus principales causas, factores de riesgo, posibles complicaciones y tratamiento.

Lo primero que es importante que tengas en cuenta es que es totalmente natural que sientas cierto nivel de ansiedad en algunas situaciones sociales que pueden resultar incómodas, estresantes o potencialmente “amenazantes”.

Cuando, por ejemplo, comenzamos en un trabajo nuevo y nos presentan a nuestros compañeros, es natural que sintamos ciertos nervios y que, en cierta medida, estemos pendientes de las señales que supuestamente nos indican si estamos integrándonos “bien” en el grupo o no.

Lo mismo nos puede ocurrir en un contexto de ocio, cuando conocemos personas con las que todavía no tenemos confianza o cuando tenemos una cita con una persona que nos gusta y a la que, por lo tanto, deseamos causar una buena impresión.

En estos contextos que te sientas nervioso o nerviosa es totalmente natural siempre que estos nervios sean proporcionales a la situación que estás viviendo.

Somos seres sociales y por lo tanto tenemos la necesidad de sentir que somos aceptados por los demás y que formamos parte de un grupo. Esta necesidad es biológica porque, desde el mismo momento en el que nacemos, no podemos sobrevivir por nosotros mismos/as y dependemos de que las personas de nuestro alrededor nos alimenten y cuiden. Por eso necesitamos sentir que estas personas nos aceptan y que, por supuesto, no son peligrosas o amenazantes para nosotros.

Entonces…si es natural sentir cierto nivel de nervios en algunas situaciones sociales, ¿porqué o cuando decimos que una persona tiene un problema de ansiedad o fobia social?.

Como con todos los “trastornos” o dificultades psicológicas lo que siempre tenemos que tener en cuenta para diferenciarlos de una situación no problemática es la frecuencia y proporcionalidad de los síntomas.

Es decir, siempre la línea entre “salud mental” y “problema psicológico” es fina y la diferencia entre estos aspectos tiene que ver, en este caso, con el nivel de ansiedad que experimentamos en las situaciones sociales así como con la recurrencia de la misma.

Como veremos más adelante, lo característico del trastorno de ansiedad social o fobia social es que la persona se siente ansiosa en múltiples situaciones y contextos, muchos de las cuales no tienen un carácter potencialmente amenazante y que esta ansiedad recurrente e intensa provoca que termine evitando relacionarse con su entorno, lo cual puede desembocar o causar otras complicaciones.

Para que puedas hacerte una idea, y como dato estadístico curioso, siempre se ha creído que el trastorno de ansiedad social o fobia social era mucho más frecuente en los países orientales que en los occidentales.

Se pensada que esto era así porque en los países orientales socialmente se enfatiza mucho la vergüenza (emoción muy característica de la ansiedad social) mientras que en el contexto occidental se suele potenciar más el sentimiento de culpa.

Sin embargo, diferentes estudios epidemiológicos han demostrado que el trastorno de ansiedad social es más frecuente en Estados Unidos y Oceanía seguido de Sudáfrica y Europa y que es menos frecuente en el continente Asiático como puedes observar en la siguiente gráfica.

grafica ansiedad social

SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD SOCIAL O FOBIA SOCIAL

Entonces, ¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad social y como puedes saber si estás sufriendo este problema?.

Como de costumbre para conocer si un estado psicológico o emocional puede considerarse o no problemático, tomamos como referencia los principales manuales y clasificaciones diagnósticas de salud mental que actualmente son el DSM-V y CIE -11.

Así, para que puedas tú también tener esta referencia y valorar si puedes estar experimentando un “trastorno de ansiedad social” o “fobia social” te detallamos a continuación cuales son los criterios diagnósticos utilizados por el DSM-V para catalogar esta dificultad psicológica y establecer que una persona padece la misma.

  1. Miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas. Algunos ejemplos son las interacciones sociales (p. ej., mantener una conversación, reunirse con personas extrañas), ser observado (p. ej., comiendo o bebiendo) y actuar delante de otras personas (p. ej., dar una charla).

Nota: En los niños, la ansiedad se puede producir en las reuniones con individuos de su misma edad y no solamente en la interacción con los adultos.

  1. El individuo tiene miedo de actuar de cierta manera o de mostrar síntomas de ansiedad que se valoren negativamente (es decir, que lo humillen o avergüencen; que se traduzca en rechazo o que ofenda a otras personas).
  2. Las situaciones sociales casi siempre provocan miedo o ansiedad.

Nota: En los niños, el miedo o la ansiedad se puede expresar con llanto, rabietas, quedarse paralizados, aferrarse, encogerse o el fracaso de hablar en situaciones sociales.

  1. Las situaciones sociales se evitan o resisten con miedo o ansiedad intensa.
  2. El miedo o la ansiedad son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.
  3. El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.
  4. El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  5. El miedo, la ansiedad o la evitación no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica.
  6. El miedo, la ansiedad o la evitación no se explica mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el trastorno de pánico, el trastorno dismórfico corporal o un trastorno del espectro del autismo.
  7. Si existe otra afección médica (p. ej., enfermedad de Parkinson, obesidad, desfiguración debida a quemaduras o lesiones) el miedo, la ansiedad o la evitación está claramente no relacionada o es excesiva.

En resumen, como puedes observar, lo característico del trastorno de ansiedad social o fobia social es que la persona sufre ansiedad relativamente intensa o persistente en diferentes contextos y situaciones sociales.

Esta ansiedad es desproporcional a la situación objetiva o real que está viviendo y provoca que, en mayor o menor medida, la persona tienda a desarrollar conductas de evitación de estas situaciones que percibe como potencialmente amenazantes.

CAUSAS DE LA ANSIEDAD SOCIAL

Y si la ansiedad social o fobia social se caracteriza por los síntomas que hemos descrito anteriormente, ¿Qué es lo que la causa?, ¿Qué es lo que puede provocar que una persona se sienta ansiosa en diferentes situaciones sociales y tenga miedo a ser juzgado o rechazado por los demás?.

Como en cada dificultad psicológica, lo primero que es importante tener en cuenta es que las causas pueden ser variadas y específicas en cada caso. No hay dos trastornos de ansiedad social o fobia social iguales porque cada persona es diferente y por eso hay que valorar individualmente cada situación para poder descubrir que está causando la ansiedad social.

Sin embargo, y teniendo siempre en mente lo anterior, si podemos decir que suelen existir ciertas causas que con frecuencia se encuentran detrás de la ansiedad social y que son, entre otras, las siguientes.

Tener una baja autoestima o una valoración negativa de uno mismo/a

La ansiedad social suele tener una relación importante con una baja autoestima o valoración de uno mismo.

Cuando una persona no se siente satisfecha consigo misma sin darse cuenta (de forma inconsciente o automática) suele pensar que los demás tienen o van a tener la misma imagen que ella mantiene de si misma.

Pongamos un ejemplo para que pueda verse mejor: si yo creo que soy una persona aburrida, poco interesante y sin grandes temas de conversación, cuando estoy en una situación social voy a tender a pensar que los demás opinan lo mismo de mi y voy a interpretar los gestos o acciones de los demás como una señal que confirma esta idea.

Además, seguramente esté nervioso/a en la situación, observándome a mi mismo/a e intentando mostrarme de una manera de la que realmente no soy. Trataré de buscar comentarios ingeniosos y graciosos que gusten a los demás y esto probablemente me lleve a no ser natural y a que los demás perciban en mi una actitud poco auténtica.

Esto no hará más que reforzar la sensación de ansiedad en la situación social y por lo tanto los intentos de mostrarnos de una manera de la que realmente no somos formándose a sí, en ocasiones, un círculo vicioso del que puede resultar difícil escapar si no se cuenta con la ayuda psicológica necesaria para ello.

Haber sufrido frecuentes y/o intensas experiencias sociales negativas en el pasado

Cuando alguien ha experimentado, de forma más o menos frecuente, situaciones sociales en las que ha sentido rechazado o atacado por los demás, es probable que desarrolle cierto nivel de ansiedad social.

Nuestra mente es como un ordenador que va registrando todas las experiencias que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida. La memoria va a almacenando nuestras vivencias desde que somos pequeños/as y esto es lo que provoca que cada persona reaccione de forma diferente en una misma situación.

Todos nuestros recuerdos, independientemente de que nos acordemos conscientemente de ellos o no,  condicionan la manera que tenemos de percibir el mundo y a nosotros mismos y hacen que nos sintamos de una determinada forma cuando algo nos sucede porque ese acontecimiento nos recuerda a otro que ya hemos vivido antes.

Nuestras vivencias nos hacen aprender y por eso cuando una persona ha vivido de forma más o menos frecuente experiencias sociales negativas (de rechazo, abandono, etcétera) lo que aprende es que estas situaciones son peligrosas y que hay que estar alerta en ellas o tratar de evitarlas para así no sufrir ningún daño.

Creemos que las personas que están a nuestro alrededor van a comportarse de la misma manera que se comportaron las demás personas en el pasado. Es como si sintiéramos que la historia va a volver a repetirse constantemente.

Esta dinámica es la que hace que otra de las causas más frecuentes de la ansiedad social sea haber sufrido de forma más o menos frecuente experiencias sociales negativas en el pasado.

Pero llegados a este punto es posible que te estés preguntando…¿y porqué hay personas que aun habiendo sufrido estas experiencias no desarrollan ansiedad social y otras si?.

Para aclarar este punto es fundamental tener en cuenta que lo relevante es la frecuencia con la que cada persona ha vivido este tipo de experiencias negativas así como la intensidad de las mismas.

Podemos decir con total seguridad que todos nosotros hemos sufrido experiencias sociales negativas a lo largo de nuestra vida pero si en la “balanza” ganan más las experiencias sociales positivas lo que se desarrolla es una imagen de los demás confiable de forma que se tiende a sentir las relaciones sociales como algo satisfactorio.

Por el contrario, si lo que prima en nuestra historia de vida son las experiencias sociales negativas (ya sea por frecuencia o por intensidad) la “balanza” se decanta por el otro lado y, como decíamos anteriormente, se genera la tendencia a percibir las relaciones sociales como algo peligroso o amenazante.

Proyectar nuestro propio enfado

Aunque esta sea una causa quizás menos evidente o frecuente también en ocasiones se encuentra detrás de la ansiedad o fobia social.

Para que puedas entender a que nos referimos con esto lo primero que es importante que conozcas es a que nos referimos exactamente cuando hablamos de “proyección”.

Decimos que “proyectamos” cuando, sin darnos cuenta y de forma totalmente inconsciente, ponemos en los demás sentimientos o pensamientos que no terminamos de tolerar en nosotros mismos. Se trata de un mecanismo de defensa inconsciente y totalmente natural en el ser humano pero que puede generarnos sin darnos cuenta diferentes problemas (hablaremos más en detalle de esto en otros artículos).

Por ejemplo, a veces podemos sentirnos culpables por algo que hemos hecho y, al no querer admitir nuestro error, “proyectamos” esa culpa en la otra persona y buscamos todo tipo de razones para autoconvencernos de que nosotros no hemos hecho nada malo y que realmente somos las “víctimas” de la situación.

Y pensarás…vale muy bien pero ¿Qué tiene que ver todo esto con la ansiedad social?.

La respuesta a esta pregunta es que muchas veces, sin darnos cuenta, no toleramos en nosotros mismos nuestro propio enfado y sin ser conscientes de ello lo “proyectamos” en los demás de manera que empezamos a percibir a las personas de nuestro alrededor como personas enfadas, con tendencia a hacer daño y por lo tanto potencialmente peligrosas para nosotros/as por poder juzgarnos, rechazarnos…

De esta forma, al percibir a las personas de nuestro entorno como potencialmente peligrosas lo que se genera en nosotros es una sensación de ansiedad cada vez que nos enfrentamos a una situación social y una tendencia a evitar este tipo de circunstancias para así intentar protegernos. Todo ello, como ya conoces es característico de la ansiedad social o fobia social.

FACTORES DE RIESGO PARA DESARROLLAR ANSIEDAD SOCIAL

Una vez ya conoces cuales son algunas de las causas de la ansiedad social más frecuentes (lo cual no quiere decir que no haya otras posibles) creemos que puede serte de ayuda conocer también alguno de los factores de riesgo que hacen más probable que una persona pueda desarrollar un problema de ansiedad social.

Tener antecedentes familiares que hayan sufrido o sufran ansiedad social

Al igual que formamos nuestras creencias en función de las experiencias que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida también construimos nuestras ideas sobre nosotros mismos y el mundo a través de el aprendizaje social (o técnicamente llamado “aprendizaje vicario”).

De esta forma, si alguna de las personas más importantes de nuestra vida, es decir alguna persona de las que nos haya criado y educado (padres u otros familiares fundamentalmente) ha sufrido o sufre de ansiedad social es probable que nos pueda haber trasmitido esta sensación sin darse cuenta y por supuesto sin ninguna mala intención.

Esto ocurre porque de forma más o menos explícita las personas con las que nos desarrollamos nos trasmiten su visión del mundo. Nos dicen que los demás son “buenos” o “malos”, que hay que confiar o no en ellos, etcétera.

Por lo tanto, si alguna de estas personas ha sufrido o sufre ansiedad social esto es un factor de riesgo para que nosotros podamos desarrollarla porque es posible que hayamos aprendido a través de ella y sin darnos cuenta la idea de las demás personas tienden a rechazar, abandonar, hacer daño…y que por lo tanto tendamos a sentirnos ansiosos/as en las interacciones sociales y a evitarlas.

Haber crecido en un entorno muy exigente o crítico

Si nos hemos desarrollado en un contexto con un nivel de exigencia elevado es probable que hayamos vivido repetidas experiencias sociales negativas de rechazo, crítica, etcétera en la que hayamos sentido que no somos aceptados/as por los demás por no ser lo “suficientemente buenos o buenas”.

Todas estas experiencias como recordarás se van acumulando en nuestra mente y finalmente se constituyen como una de las causas más frecuentes de la ansiedad social.

Lo que aprendemos es que normalmente las personas de nuestro entorno van a criticarnos y/o rechazarnos de la misma manera que lo han hecho el resto de personas de nuestro contexto pasado.

Además, si hemos vivido en este tipo de contextos también es probable que hayamos desarrollado una baja autoestima o valoración de nosotros mismos al habernos “creído” los mensajes que nuestro entorno nos mandaba de que no éramos lo “suficientemente buenos o buenas” en los aspectos que fueran.

De esta forma, vivir en un entorno altamente exigente hace que tengamos una predisposición mayor a padecer ansiedad social al encontrarse relacionado con dos causas muy frecuentes de esta dificultad psicológica.

Tener tendencia a reprimir el enfado

A lo largo de nuestra vida y también en gran medida gracias al entorno en el que nos desarrollamos aprendemos a gestionar y relacionarnos con nuestras emociones de una determinada forma.

De esta manera hay contextos en los que aprendemos o se nos trasmite que el enfado no es bueno y que por lo tanto se debe reprimir. No se nos enseña a gestionarlo saludablemente y cuando llegamos a la edad adulta cada vez que nos sentimos de esa manera lo que hacemos es intentar bloquear dicha emoción de forma automática e inconscientemente.

Si esto ocurre lo que sucede es que todo ese enfado (o cualquier otra emoción) se va acumulando en nuestro interior de forma que finalmente necesita ser descargado como una presa de agua que está a punto de desbordarse.

¿Y cuál es una de las formas de “descargar” este enfado?: la “proyección” de esta sensación en las demás personas.

Como comentábamos antes lo que hacemos sin darnos cuenta es poner este enfado en las personas que se encuentran a nuestro alrededor y de esta manera vamos teniendo siempre la sensación de que los demás están normalmente enfadados y que por lo tanto son personas que pueden criticar, rechazarnos o incluso agredirnos verbalmente (o físicamente) con relativa frecuencia.

Sufrir alguna afección o tener una apariencia física que pueda llamar la atención.

Si desgraciadamente una persona sufre, por ejemplo, una desfiguración facial, tartamudez o temblores debidos a la enfermedad de Parkinson (entre otras afecciones posibles) es posible que esto la haga más propensa a poder desarrollar un problema de ansiedad social.

Los motivos como imaginarás son bastante claros aunque es una lástima que así sea. Ya que cuando una persona padece este tipo de afecciones es posible que, desgraciadamente, haya vivido un mayor número de experiencias sociales negativas que otra que no sufre ninguna alteración.

Así mismo también es más probable que desarrolle una tendencia a valorarse de forma más o menos negativa formando así una baja autoestima sobre si mismo/a.

Todos estos aspectos hacen que padecer una afección o tener una apariencia física que pueda llamar la atención sea un factor de riesgo psicológico para poder desarrollar un problema de ansiedad social. Y decimos que es un factor de riesgo psicológico porque por si mismo no es causa directa de la ansiedad si no que son sus consecuencias psicosociales las que finalmente provocan que ello pueda potenciar las probabilidades de desarrollar esta dificultad psicológica.

Tener una estructura cerebral propensa a reaccionar con ansiedad o miedo

Aunque este factor de riesgo sea puramente biológico y no psicológico no queríamos obviarlo y pasarlo por alto porque no nombrarlo supondría dar a entender que las variables biológicas no tiene ningún papel en el posible desarrollo de esta dificultad y esto no es así aunque tengan un papel mucho menos relevante que las variables psicosociales anteriores.

Biológicamente todos nacemos con un “temperamento” determinado. Todos conocemos casos recién nacidos “más tranquilos” y “más inquietos” y esto es lo que técnicamente se denomina nacer con temperamento “bas” o “bis” respectivamente.

El temperamento “bis” por lo tanto es el que se caracteriza por ser más inquieto porque inicialmente el cerebro, y más concretamente el “núcleo amigdalino” encargado de influir en la respuesta del miedo y la ansiedad se encuentra más predispuesto a reaccionar de una forma más intensa ante los diferentes estímulos del entorno.

Esta predisposición por lo tanto es un factor de riesgo para posteriormente poder desarrollar un problema de ansiedad social porque el cerebro de la persona tiende a reaccionar con un mayor nivel de ansiedad en todo tipo de situaciones, entre las que se encuentran las situaciones sociales.

Sin embargo es importante dejar claro que esta predisposición por si sola no provoca la ansiedad social y que aunque biológicamente se nazca con un temperamento determinado luego este es modulado por las experiencias y vivencias que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida, lo cual es lo que forma en mayor medida nuestra personalidad.

POSIBLES COMPLICACIONES DE LA ANSIEDAD SOCIAL

Como comentábamos anteriormente cuando hablábamos de cuáles eran los criterios diagnósticos y síntomas del trastorno de ansiedad social una de sus características principales es la tendencia a evitar las situaciones sociales y por lo tanto cuando se padece esta dificultad psicológica es probable que la persona sufra de cierto aislamiento social lo cual puede provocar que aparezcan también otro tipo de dificultades emocionales o psicológicas como las siguientes.

Apatía, desilusión, tristeza y/o otros síntomas depresivos

Como decíamos al comienzo de este artículo somos seres sociales y biológicamente tenemos necesidad de relacionarnos con nuestro entorno.

Es por este motivo por el que, si nos encontramos aislados socialmente, es muy probable que comencemos a sentirnos tristes y que aparezca también en nosotros una sensación más o menos intensa de apatía, desilusión o frustración vital todo lo cual es característico, como veremos en otro artículo, de un estado afectivo depresivo.

De hecho hay estudios que señalan que los pacientes con un trastorno de ansiedad social desarrollan depresión con una frecuencia de entre 1,49 y 3,5 veces que las personas que no sufren esta problemática.

Consumo de sustancias o desarrollo de otras adicciones

Cuando nos encontramos aislados socialmente y nos sentimos ansiosos o mal emocionalmente recurrimos a diferentes estrategias o actividades que nos ayudan a aliviar ese malestar y uno de los refugios que podemos encontrar es el consumo de alcohol u otras sustancias lo cual puede desembocar finalmente en una adicción más o menos intensa a las mismas. De esta manera se estima que una quinta parte de los pacientes con trastornos de ansiedad social también padecen dependencia al alcohol.

Así mismo, también es posible que en ved de desarrollar una dependencia a una determinada sustancia se encuentre en el juego, las nuevas tecnologías u otras actividades un refugio para intentar calmar la ansiedad y el malestar emocional desarrollando así una adicción sin sustancias.

Como podrás imaginarte esto no hace más que formar un círculo vicioso que incrementa todavía más el malestar inicial lo cual puede dar lugar a problemas importantes. Por eso es fundamental pedir ayuda profesional para comenzar a solucionar el problema inicial lo antes posible.

Problemas laborales y/o académicos

La tendencia al aislamiento característico de la ansiedad social hace que la persona tenga dificultad para relacionarse en ambientes en los que obligadamente tiene que encontrarse presente, mostrándose así distante interpersonalmente y pudiendo dar lugar a consecuencias negativas en el ámbito laboral y/o académico entre otros.

Así mismo, los problemas laborales y/o académicos pueden provocar que la persona desarrolle también síntomas depresivos como los que hablábamos anteriormente. Como seguro puedes ya observar, esto también puede acabar formando un círculo vicioso que alimenta e intensifica el problema inicial complicando su tratamiento posterior.

TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD SOCIAL

Llegados a este punto es posible que te estés preguntando…entonces, si sufro ansiedad social de forma más o menos intensa, ¿Qué puedo hacer para comenzar a superar esta dificultad?.

Y es posible también que tu mismo o misma sepas cual es la respuesta; identificar cuanto antes el problema y solicitar ayuda profesional antes de que puedan surgir mayores complicaciones como las que enumerábamos anteriormente.

Lo fundamental es que puedas comenzar a ponerle solución al problema poniendo la atención en sus causas y esto es lo que se logra a través del proceso de psicoterapia. A través de la ayuda psicológica se identifican y comienzan a solucionar las causas que en cada caso particular están provocando la ansiedad social y de esta manera se ataja el problema de fondo.

También hay otras alternativas como recurrir a la medicación o a otras actividades (yoga, meditación, deporte..) que pueden ayudarte a aliviar esta dificultad aunque sea de una manera más momentánea. Estas alternativas pueden serte útiles en mayor o menor medida aunque si lo que quieres es ponerle solución de fondo a esta dificultad lo más recomendable es que puedas comenzar un proceso de psicoterapia y desarrollo personal.

Esperamos que esta entrada en nuestro blog te haya podido ayudar a entender mejor que es la ansiedad social, cuales son sus síntomas, causas, factores de riesgo, posibles complicaciones y tratamiento.

Si después de ello creas que necesitas ayuda para gestionar y rebajar tu ansiedad social no dudes en pedir ayuda profesional y comenzar un proceso de psicoterapia que te ayude a recuperar tu equilibrio emocional.

Y en el caso de que quieras que seamos nosotros quienes te acompañemos en tu proceso de psicoterapia online, puedes solicitar tu consulta inicial gratuita de la forma que te sea más cómoda:

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